jueves 8 de octubre de 2009

Ending start - Metric

A veces, uno trata de seguir lo que el otro piensa. Pero cuando al final lo entiende, ya es medio tarde.
Por eso, si se entendió y no pudiste decirlo, mejor decirlo antes de que se pase el tren. Porque después ya no es lo mismo. Porque después queda desfasado.
Si no querés saber, no preguntes.
Si querés saber y no querés saber al mismo tiempo, mejor saber: no saber te mantiene pendiente, y después quizás hubiese preferido saber.
Si existe el motivo, no mandes excusa.
Si no sabés la respuesta, no mandes fruta.
Si no te preguntaron, no lo contestes.

jueves 27 de agosto de 2009

Reflexiones sobre un palomo

El palomo de Puerto Madero resultó un tanto extraño. O sea: cuando trataba de sacarle una foto, y él iba hacia la izquierda, me miraba, pegaba la media vuelta y me daba la espalda, yéndose a la derecha, para que no le saque. Y si yo lograba un primer plano de él y tenerlo de frente, se me iba caminando para la izquierda de nuevo. El palomo estaba empecinado en darme la espalda, en llevarme la contra. Dicen que si la vida te da la espalda, le tenés que tocar el culo. ¡¿Pero cómo voy a hacerle eso al palomo?! Creo que es un poco mucho.
El palomo estaba bastante hinchado, inflado, con un terrible buche. Así se ponen cuando andan buscando palomas, pero no había ninguna cerca por ahí. Para mí que era un palomo insaciable. O tenía paperas.
No sé, la cuestión es que para mí, era un palomo medio finoli. Onda: "Ni en pedo me voy a quedar quieto para que me saques una foto, yo sólo cago en edificios de empresas".
Y a mí qué me importa si sos un palomo burgués capitalista, a favor del PRO, y que quizás te creés muy pro como para estar en mi foto. Igual te saqué como 5 fotos, ¡SABELO! Y las voy a vender, y mostrar, y compartir, y no tengo Facebook, pero si tuviera, me haría un album que se llame "Todos contra el palomo", y voy a lucrar con tu imagen, y no vas a poder decir ni "mu", primero porque sos un palomo y no mugís y no sos vaca, segundo porque no hablás, y tercero porque tercero.
La próxima, sé más precavido y patentate el trasero gordo que tenés (en vez de utilizarlo sólo para cagarnos a nosotros, los humanos), así nadie te puede sacar fotos. O pegate un vuelo y alejate de mi cámara. Te pensás que porque sos plumífero cagás más alto que todos, pero ya vas a ver que va a aparecer alguno y va a cagar más alto que vos. Y ahí a donde esté tu mierda, voy a estar yo para eliminarla.
Palomo, NO TE TENGO MIEDO.



Ya la cara de la foto, lo delata. No se dejen confundir por la ligera bronca que se percibe en estas letras, esto está escrito con humor ;)

lunes 3 de agosto de 2009

Vuelta por el Universo

Uno puede viajar de muchas maneras. Mentalmente, realmente. Aunque que el viaje sea mental, no quiere decir que no sea real. En todo caso, no es tangible... es decir: no podemos sacar fotos, ni filmar paisajes, ni comprar recuerditos de regalo. Todo está en la mente, todo está en nuestra propia película proyectada en algún lugar donde la vemos sólo nosotros. Si no es concreto, si no se pueden tocar y/o ver pruebas que demuestren que hicimos el viaje, ¿sería algo así como abstracto? Sería un viaje intocable.
Concentrémonos en los viajes en general. Hay viajes de ida, de vuelta, de ida y vuelta. Los 2 primeros parecen más terminales, o sea, parecen definitorios para algo o para alguien. O te vas, o te volvés. Los de ida y vuelta dejan puertas abiertas, pero no por eso son menos peligrosos. Hay que tener cuidado si sólo tenés el boleto de ida y ya de por sí sabés que no vas a poder sacar el de vuelta. Porque las "idas" son "idas" para algunos y "vueltas" para otros, pueden ser tanto "irse" o "volver", depende en qué estación estemos: despidiendo a la persona o esperando su llegada.
Los viajes mentales pueden durar todo lo que queramos. No hay límites. Los personajes pueden ser los que queramos también, depende todo de nosotros. Somos los directores de ese viaje. El destino, los lugares en donde paremos unos minutos, el equipaje, lo que podamos comprar y quizás traernos de vuelta, todo eso está a nuestra disposición. Así que si hay errores en el viaje mental, se arreglan como queramos. Aunque sería contradictorio: si hay un error, es porque nosotros mismos lo creamos, somos los únicos que pueden poner un error ahí; manejamos ese viaje. ¿Y por qué pondríamos un error en un viaje que inventamos nosotros mismos, si supuestamente es para nuestro propio placer?
Y no sólo podemos viajar a algún lugar en especial, si no que podemos llevarnos de vuelta a un sitio del pasado. Fingir que tenemos 8 años, volver a esas vacaciones pasadas o al cumpleaños de Fulano. Ahí viajaríamos entre nuestros recuerdos, chocando con rutas ya caminadas.
Pero creo que ningún viaje tiene sentido si no la pasamos bien, si no le ponemos al menos un poco de interés. Sí, a veces no teníamos ganas de irnos de vacaciones en esa semana, a esa playa, de preparar el bolso... pero al menos algo bueno tuvimos que haber encontrado. Siempre es bueno cambiar de aire, oxigenarse, mirar otro cielo y conocer otras cosas. Salirse de lo de todos los días; ahí uno se da cuenta de que no es el centro del mundo y que hay muchas otras cosas que no giran alrededor de uno. Hay todo un mundo afuera, ya sea muy lejos o incluso muy cerca de casa. Y si el viaje fue desastroso, y sabemos y estamos convencidos de que nunca más queremos volver a ir, entonces no volvamos: elijamos otro destino la próxima vez. O quizás, el problema fue la compañía. Tal vez, con otros acompañantes, el destino hubiese estado bien. Así que probando con otros "protagonistas", todo puede ser distinto, y verse de otra manera.
Hay viajes que hacemos cotidianamente, y aunque sean cortitos y nos lleven a lugares que frecuentamos a menudo, siguen siendo viajes. Y no está mal cambiarlos un poquito todos los días, para no aburrirnos. Mejor acostumbrarnos a hacer pequeños esfuercitos que hagan una diferencia, que acostumbrarnos a aburrirnos de que sea siempre lo mismo.

miércoles 3 de junio de 2009

Monólogo del beso interior

El sueño, perverso... Y la boca, esa boca... Y el deseo, un deseo, mi deseo... Deseo la boca, el aliento, el rostro, el brillo de la mirada. Sueño, creo mundos, destapo lejanías. Y el beso, el beso, suelto detrás de las montañas que tapan todo, que juegan, que se burlan por tenerlo preso, listo para desembocar en mi boca. Los sueños, extraños sueños que extrañan el beso del tiempo. Y se suelen callar juntos, juntándose en cardúmenes de sueños, liberando el beso. Risueños, rayos solares dejando huecos. Cuando el deseo se extermina, sobreviene lo extraño. Lo extraño al beso. Si sufren, se estallan contra el sueño. Guardo cuentos para contarles a ellos, a los que todavía duran en mi boca, que se duermen y se despiertan y renacen y mueren y reviven con gusto a beso. Con el gusto frío de la escasez del amor, del juego, de ese juego que deseo. No recuerdo el frío anterior, pero juego a buscar todo lo que queda, lo que estalla, lo que vuela... Demasiados besos son testigos del desastre besar. No me importan los restos de las cosas, ni el estallido ni el juego ni el resto ni la muestra congelada de excesos ni lo nuevo ni lo bueno ni lo justo en su medida perfecta. Vuelvo a volar lejos, me llevo pasos detrás de las huellas. Tengo cráteres en la superficie de la Tierra. ¿Y si lo viejo resalta de nuevo? Escribo jugando a lo incierto, a lo catastróficamente extremo.

Monólogo interior:
*Es un libre fluir de la conciencia. Reproduce los mecanismos del pensamiento.
*Predominan los puntos suspensivos. No respeta el resto de los signos de puntuación. Está narrado en 1ra persona.
*Se utiliza para describir sentimientos oscuros o profundos.
*Cambia repentinamente de un tema a otro.
*Es similar a la página de un diario íntimo.
*No se tiene en cuenta al lector.

jueves 7 de mayo de 2009

Vaciamiento

Estoy saturada estudiando, y prometo devolver comentarios y visitar sus blogs ni bien pueda. Estar medio lejos del mundo blogger me molesta, se extraña meterse en mundos literarios o de pensamientos buenísimos. Tampoco tengo tanto tiempo para escribir, y aunque digan que uno siempre se puede hacer un lugar para hacerlo, a veces es complicado, porque el tiempo libre que me queda, me hace sentir cansada y no me inspiro. Es como si me faltara una forma de descarga cuando no escribo.
Y ahora que me siento medio alejada de todo mi entorno y de las cosas que generalmente hacía, veo cómo tengo vínculos inexistentes, o que cada vez se apagan más. Es como si uno estuviera rodeado de gente e igual se sintiera solo. Como si las personas estuvieran, pero en estado Ausente, sin darme vínculos gratificantes, sin poder contar con ellos, sin ajustarse a mis necesidades. Y no creo que yo exija tanto, aunque a veces me lo replanteo, cuál es la verdadera causa, si es que espero demasiado o es que en realidad me dan poco.
Así que el "vaciamiento" se instala, aunque quizás sólo sea un vacío consecuencia de estar leyendo sola, horas seguidas, alejándome de esos ratos libres para respirar aire fresco y salir a ver otras cosas fuera de casa. Vaciamiento de a poco, en donde vínculos van desocupando mi corazón. Duele muchas veces cuando te despertás y de repente ya la mañana arrancó mal, y sentís que todo está igual que siempre, sólo que algo no está bien, algo no está en su debido lugar, algo falta. O será la rutina que me hace pensar que no quiero una vida rutinaria, y que realmente es más lindo cuando todos los días renovás el todo que conforma tu vida, cuando no te estancás, y no sos un espectador de tu vida, sino el protagonista. Quizás sea el invierno, que siempre me deja ese gusto a que un ciclo terminó, y aunque empiece otro, se siente más frío interna y externamente. Por eso tal vez extrañe el verano, y extrañe situaciones que ojalá pudiera congelar, aunque sea para poder sentir cosas de nuevo, para poder palparlas, para escuchar voces añoradas, para ver ojos que hoy están ausentes. Y no me arrepiento.
Parece un poco extraño que extrañe ciertas rutinas y al mismo tiempo las desprecie. Pero no es tan extraño extrañar seguridades, incluso aunque sepa que puedo tener otras. Hay huecos y vacíos que se vencen, y otros que no se pueden llenar con cosas superficiales. Tal vez sea mi afán de buscar siempre el sentido profundo, lo vibrante de las cosas, y rechazar lo banal.

domingo 22 de marzo de 2009

Domingo

Tengo ganas de sentir ese alivio, un poco parecido al alivio de cuando llego a casa y me saco los lentes de contacto, y mis ojos descansan mejor con los anteojos. Siento la visión más liviana y menos seca. O como cuando es pleno invierno y es un día donde no tengo nada para estudiar, y sólo puedo tomarme una chocolatada caliente mientras veo cómo llueve por la ventana del comedor, y me reconforta saber que puedo meterme en cualquier momento en la cama a ver una película. Ojalá en los domingos tuviera esa clase de alivio, pero para el corazón. Acabo de hacer comparaciones raras, incluso pueden parecer poco estéticas o muy frías, pero me vinieron al pelo.
Ojalá produjera más endorfinas y no sintiera que es domingo, y que los negocios están cerrados, y que Chacabuco se me hace larga larga luego del almuerzo, hasta que llego a la Avenida y al punto de encuentro que ya había fijado. Y que a la noche hay un poco de más movimiento, que la gente se junta en los bares o restaurantes, y que las calles se inundan un poco de las luces de los autos, que me encantan porque parecen ojos de tigre, de felinos nocturnos. Ojalá el domingo no fuese tan evocador de recuerdos, un disparador de memorias guardadas. Ojalá no tuviese ese gustito a pasado en la lengua los mediodías de domingo. Ojalá el domingo no tuviera memoria. Porque, al fin y al cabo, no tiene mucho sentido. No tiene sentido que lo escriba si no es leído, si no se entiende. Las cosas que no pienso decir, pero quiero, y las que te digo sin pensar. Las sonrisas que escondo detrás de una tipografía graciosa y emoticones neutrales. Y no soy de esas a las que no se les nota, soy una de las que no lo reprimen.
Please, shoot me in the head si es que pretendo demasiado, pero me tranquiliza saber que no. Y tal vez si fuese un domingo en otro lugar, sería otro día. Me tomaría el tren y caminaría mucho desde Once para irme hasta Florida y desembocar en la Plaza San Martín. Pero es extraño: es hermosa para mí, y me provoca ciertos escalofríos cuando la miro. Porque siempre que vuelvo ahí, es como si regresara el tiempo atrás, y es como si casi pudiera ver el cielo nublado que había cuando la conocí por primera vez a los 15, u oliera el aire que la rodeaba la última vez que fui, hace unos meses. Y en todos esos momentos, hubo un denominador común. Disculpá si no lo nombro, es que lo dije muchas veces. Se me nota en la expresión de mi cara, en los ojos, se escapa entre líneas a través de mis escritos, se me nota como un aroma que brota por mis poros, aunque no diga nada. Es como cuando volvía de Pförtner caminando por Pueyrredón, y el ver otros edificios y personas, me hacía pensar en qué rápido pasaba el tiempo, aunque yo no me quisiera bajar, y siguiera girando y girando más rápido todavía.
Ahora que las veredas se llenan de colchones de hojas y los árboles se vacían, pienso que Chacabuco maybe sea más larga, o más fría y más desnuda. Y los árboles tendrán un poco de frío, pero no van a hacer que yo me vuelva más fría. A lo sumo puedo pensar en los sueños raros que tengo a veces, que capaz me respondan la pregunta que no me formulo, y un día me muestren las cosas claras. Una vez un amigo me dijo "Freud se haría un banquete con vos", pero supongo que nunca lo sabré, y por ahora me quedo con mini películas nocturnas que me entretienen hasta que me despierto. El presente parece mezclado con otras cosas, pero ni puedo hablar de un presente estático, porque es efímero cuando pasan los segundos y cada segundo que pasa ya es pasado y no es presente, y me encuentro con un presente continuo, término que siempre asocié al inglés y nunca me percaté de lo que significaba para mí en castellano. Me huele a amor entumecido, o dormido. No sé para qué carajo dormido, si a nadie le sirve si está sonámbulo. I'm sorry, no me arrepiento de mezclarme. A veces pareciera que estamos desesperados por que algo de la ficción de las películas sea parte de nosotros, aunque sea un ratito, y no nos haga sentir tanto los domingos, y me recuerde que detestaría aburrirme y que la rutina infecte mi vida.
Al fin y al cabo, terminé escribiendo cosas sin pensar, y pienso en lo que quiero decirte. Y aunque no lo escriba explícitamente, sé que te lo susurro al oído a la noche antes de dormirme. Aunque no emita sonido, mi voz interior cruza distancias, y aterriza adentro tuyo, aunque no te des cuenta, aunque no me escuches. De repente, en ciertos momentos, maybe el mensaje se te viene a la mente y no sabés bien de dónde salió o dónde estaba guardado, y quizás no te importe o te importe lo suficiente como para poder escucharlo un ratito, aunque sea una tarde de domingo. Contando mi vida a través de cuadernos con espiral, donde los espirales no son sólo de metal, y se vuelven cada vez más profundos, llevándome una y otra vez al giro más dulce.

viernes 6 de marzo de 2009

¿Quién cuida de los monstruos?

Hay una serie actualmente en la tele, que es muy conocida y muchos la ven. No la veo, pero una madrugada en que me quedé viendo un capítulo de una serie que sí sigo, y después una película, y otra serie, todo en el mismo canal, de repente apareció un capítulo de esta serie. Y le siguió otro, fueron 2 seguidos. Al parecer eran los 2 últimos de la temporada, y la nueva está por empezar.
Más o menos conozco la historia, y justo en los capítulos que vi esa noche, uno de los personajes empezó a hablar de todo lo que conlleva ser un monstruo. O sea, esas personas que para el resto, o la mayoría de la gente, son monstruos, no por algo físico obviamente, sino por su personalidad.
Pero este es un personaje que aunque sea lo peor, también te inspira otras cosas. Sentís un poco de pena, compasión, te gusta, es atractivo, querés cuidarlo. Igual, no sé bien de qué podés cuidar a un monstruo... ¿de él mismo, quizás? ¿Salvarlo de su propia monstruosidad?
No hablo de cualquier monstruo, porque hay algunos que sinceramente sólo inspiran odio y repulsión, y no importan para nada, sino de aquellos que te pueden generar otras cosas, cosas contradictorias, aquellos que de vez en cuando muestran algo humano, aunque no sean humanos del todo (o quizá sí). ¿Quién cuida de monstruos así? ¿O es que no necesitan que alguien los cuide? ¿O es que no se lo merecen? Aunque los odies con un no-odio, pero no por siempre, quizás sólo por momentos, por períodos, ¿qué pasa? Monstruos que expresan su ira por todo lo que son, hacia sí mismos, y también a los demás, que están en un constante intento de salvarse a sí mismos y quizás nunca salvar a los demás... ¿a ellos sus acciones los condenan para siempre? ¿Tienen opción? ¿Pueden elegir no ser lo que son? ¿O ya están condenados? ¿O aunque no puedan elegirlo, igual no quieran lo que les tocó? ¿Es ya su destino o pueden rescribir la historia?
Este monstruo también hablaba de las personas que lo hicieron así. ¿Eso es justificarse? Eso está mal (¿o no?). Y en el caso de que tenga razón, igualmente ¿qué cambia? Capaz se pueden explicar las causas, el origen, el porqué, pero ¿justificar? Eso suena a naturalizar algo, a hacer quedar bien ante los demás, a atenuar el daño, la gravedad del hecho cometido.
Y después está el monstruo que también está decepcionado, defraudado y con una ira que lo carcome. Pareciera que los monstruos y los sentimientos no pueden ir de la mano, pero una cosa tiene un poco de la otra. Hay sentimientos monstruosos, y monstruos de sentimientos (¿se entiende?). Los sentimientos monstruosos asustan, los monstruos de sentimientos también, porque son sentimientos enormes y eso conlleva que sean difíciles de manejar. Y los monstruos asustan, pero creo que a veces asustan más cuando actúan de una manera distinta, cuando no actúan como monstruos, cuando no hacen lo que hacen siempre, y eso nos desorienta, y nos confunde. ¿Cómo se actúa ante algo que no parece ser lo que es?
Otro personaje dijo una vez en otra ocasión que todos merecen una segunda oportunidad. ¿Cómo saber quiénes la merecen y quiénes no? No todos los villanos sirven para segundas oportunidades. No todos pueden aprovecharlas, no todos sabrían aprovecharlas, aunque quisieran. Y aunque las aprovechen, ¿lo malo se iría para siempre? ¿O caerían de nuevo en la tentación?
Tal vez el amor, o hacer el bien, pueda convertir a ciertos monstruos (no a todos). Tal vez el amor pueda quitar la ira de un corazón, derretir odios, extraer balas, ablandar falsos escudos, derribar paredes que sólo sirven para aislarse, succionar venenos y rencores.
Al fin y al cabo, hay un cierto tipo de amor que es un monstruo, invencible y enorme, que no necesita salvarse de sí mismo.